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Quién tiene la culpa

Quién tiene la culpa

¿Quién tiene la culpa?

La responsabilidad y la corresponsabilidad existen siempre que hacemos algo y en ocasiones también cuando permanecemos inactivos ante determinados estímulos. En este vamos a comentar la culpa como herramienta de manipulación para obtener de los demás lo que deseamos, o para evitar hacer lo que nos corresponde. 

Hay distintas formas de manipular al otro a través de la culpa:

 

 

//<<Si TU hubieras… Yo no habría>> 

Esta es una forma de trasladar toda la responsabilidad de lo sucedido al otro, liberándonos así de nuestra corresponsabilidad. De esta manera, si hacemos sentir al otro culpable, nos quitamos nosotros la  responsabilidad de haber podido evitar el hecho que reprochamos. Por ejemplo, si soy jefe y mi colaborador comete un error, cuanto más intente culpabilizarlo (que no responsabilizarlo) estoy evitando la responsabilidad que tengo de haberlo supervisado para evitar que el error se produjese.  

 

//<<No se como tu has sido capaz de…>> 

Esta forma se utiliza para obligar al otro a que repare el error o el daño causado, así tenemos nosotros que tomar las medidas de castigo o represalia, o realizar la acción que sea necesaria para equilibrar la situación (estímulo-respuesta, daño-castigo). Por ejemplo, si soy jefe y mi colaborador repite una y otra vez el mismo error, intento culpabilizarlo con intensidad como una forma de hacerle sentir mal y así me evito tomar las medidas que sean necesarias para que cambie su comportamiento, porque en el fondo yo no me siento capaz o no quiero hacerlo.

 

//TU no haces lo que se espera de ti 

Esta opción sirve para posicionarnos por encima del otro y desvalorizarlo. En el mismo caso anterior, cuando mi colaborador cometa un error, recalcarle que resulta incomprensible que haya sucedido, que no es posible que no se haya dado cuenta, que hasta un tonto se hubiese percatado, etc. Con este comportamiento no solo conseguiremos que el colaborador se sienta culpable, sino además que su autoestima baje y el rencor hacia nosotros suba porque no estamos haciendo lo que nuestro papel de jefes requiere: explicitar las expectativas y ayudar a nuestros colaboradores a que las alcancen.

 

También la culpa se puede poner en uno mismo adoptando las mismas formas anteriores pero cambiando solo el pronombre: “Si YO no hubiese hecho…”; No entiendo cómo YO he sido capaz de…”; “YO soy incapaz de…”. Las personas que tienden a autoculpabilizarse de algunas de estas maneras y con frecuencia, consiguen sentir un importante malestar emocional, desprecio por sí mismas, desvalorización, etcétera. Estos sentimientos se asocian a un elevado nivel de autoexigencia, perfeccionismo y tristeza,  que producen un nivel muy bajo de autoestima  que se refuerza cada vez que no consiguen llegar a lo que se proponen, simplemente porque probablemente sus objetivos son irreales, tanto como la responsabilidad que tienen sobre lo sucedido.

CON CULPA NO HAY APRENDIZAJE ]

El efecto de la culpa es devastador porque al influir de forma tan fuerte en el cerebro emocional, bloquea al cerebro racional que es el que reflexiona, analiza y pondera, evitando así que se pueda analizar qué sucedió, comprender por qué sucedió y ponderar cómo se podría haber evitado, produciendo de esta manera  un aprendizaje, que aunque no sirva para cambiar el pasado, puede evitar que se repita en el futuro. Con lo cual el que se siente culpable por sí mismo, o porque se lo hagan sentir, es muy probable que repita los mismos errores en el futuro por no haber aprendido lo suficiente de la experiencia.

Las personas culpabilizadoras intentan hacer creer al otro que su culpabilidad está justificada y así conseguir que se sienta mal, se someta, o haga algo que de otra manera no estaría dispuesto a hacer. De esta manera, los culpabilizadores se consideran libres de la corresponsabilidad que les compete y de hacer lo que tengan que hacer para evitar que el acto objeto de la culpa se repita en el futuro. 

Por otra parte, la autoculpa nos engaña haciéndonos sentir que no hemos sido capaces de resolver algo que nosotros creíamos controlar, generándonos frustración y ansiedad. La autoculpa además es peligrosa en el sentido de que si cargamos nosotros con toda la culpa, liberamos a los demás de la suya y les incapacitamos para que aprendan a reparar errores o a no volverlos a cometer.

Por ello es importante que asumamos que no podemos controlar todo lo que pasa a nuestro alrededor y que las culpas deben repartirse de forma equitativa, no sólo con el fin de aliviarnos del peso de la misma, sino para dar la oportunidad a los otros de reparar su parte de culpa y evitar que vuelvan a cometer esa acción.

 

SIN RESPONSABILIDAD TAMPOCO SE APRENDE ]

En el otro extremo están aquellas personas, que para no sentirse culpables, tampoco asumen la responsabilidad de lo sucedido, con lo cual niegan su comportamiento, olvidan el hecho, minimizan el impacto del daño causado, se justifican responsabilizando a quien ha sufrido el daño de lo sucedido o  atribuyen la responsabilidad solo a efectos externos.

Evidentemente estas estrategias no son adecuadas, ya que las personas que las utilizan o no son conscientes del daño que han causado, o siéndolo no quieren verlo y lo camuflan para no sentirse mal consigo mismas, sin embargo de esta forma logran generar más malestar en los demás y eso a la larga les perjudica mucho más a ellas mismas que haber asumido la responsabilidad desde un inicio.

Existe otra forma de no asumir la responsabilidad y es cuando no somos  honestos con nosotros mismos o con los demás.  Cuando alguien nos pide hacer algo que no queremos hacer, en lugar de afrontar la situación y ser sinceros diciendo que no queremos hacerlo, le contestamos “lo voy a intentar”, como una manera de liberarnos de la culpa que sentiríamos de decir no.  Y cuando llega el momento de rendir cuentas, como no hemos hecho lo que nos pidieron, ponemos  excusas: “no tuve  tiempo”, “me fue imposible, no me dejaron…”, etc. De esta forma no nos sentimos culpables, pero tampoco asumimos la responsabilidad de haber generado un malestar en el otro,  al permitir con nuestro “intento” que el otro, se creara falsas expectativas sobre lo que haríamos.

De la misma manera, nos decimos a nosotros mismos “lo voy a intentar” cuando no estamos seguros de poder conseguir algo que nos proponemos y no queremos asumir la frustración de no lograrlo. Cuando decimos conscientemente “lo voy a intentar”, por el otro lado nuestro inconsciente nos está diciendo “no lo vas a conseguir” y de esta manera, en lugar de poner todo el compromiso en la acción y la responsabilidad en los resultados, hacemos tibios intentos para lograrlo, que desde luego no consiguen el objetivo deseado, solo liberarnos de la culpa de no haberlo intentado.

En suma, utilizamos la culpa como un recurso para no asumir la realidad como es, a nosotros como somos y hacernos cargo de nuestra responsabilidad en lo que hacemos y en lo que no, en lo que generamos en el entorno y en lo que no logramos, recordando que somos responsables de todo lo que hacemos y de lo que no hicimos, pudiendo hacerlo.

 

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